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  • Foto del escritorSEBASTIAN DIAZ

Autor bajo la lupa: Mark Twain


Mmm…(se limpia la salsa del bigote). Que rico bagre. Perdón, me alimento como lobo, lo sé. No, no crecí entre lobos (pero honestamente, hubiera sido una experiencia digna de retratar). ¿Qué, encuentran mi sentido del humor demasiado atrevido? Gracias por el cumplido, pero ni siquiera creo acercarme ni por tres pelos de bigote a Washington Irving. Sobre él, tres palabras: Artista de circo. Ya sé lo que están pensando, “¿Qué historia se esconde detrás de esas cejas tupidas, ese cabello loco, ese bigotazo y esa pipa encendida?”


Una juventud ribereña



¿Han oído hablar del Misisipi? Es un largo río que fluye a través de diez estados de EE.UU., hasta colindar en el golfo de México. A envergaduras de ese río nazco yo, Samuel Longhorn Clemens, el día 30 de noviembre de 1835. Aquí en el pueblo de Hannibal, estado de Mississippi, somos conocidos por nuestra “fish culture” (peces que criamos para luego comérnoslos) y nuestra influencia colonial. Yo soy un niño...especial. Inquieto, con gran sed de aventuras, no puedo quedarme quieto en un solo lugar, y soy un estudiante hiperactivo. Tanto así que con tan solo doce años abandono los estudios y entro como aprendiz de tipógrafo en una editorial local. Lo sé, el pequeño Samuel todo un granuja.


Paso seis años trabajando en la tipografía, al mismo tiempo que descubro mi habilidad con el periodismo. Mis primeros reportajes se publican como parte de redacciones locales, tanto en la no tan remota San Luis, como en la lejana y remota Filadelfia. A los 18 años me marcho de casa con una gran ingenuidad, y sed de aventuras y fortuna.



De Samuel a Mark

Mi profesión periodística me lleva primero a San Francisco, en plena fiebre de oro. Mis artículos toman un estilo muy personal, y en la gran Cali conozco a mi compañero literario, y gran amigo, Bret Harte. Impresionado, me anima a seguir escribiendo. Después termino haciendo viajes a Europa y Polinesia, y durante la década de 1860 me destaco como aprendiz de piloto de un barco de vapor fluvial; estar en el agua me fascina, pero en 1861, con La Guerra de Secesión, se interrumpe el tráfico fluvial y me veo obligado a retirarme y confiar plenamente en la escritura.



En 1865, el cuento corto La famosa rana saltarina de Calaveras es publicado en un periódico y se convierte en mi primer éxito literario. La carrera de Samuel Clemens ha empezado. Esperen, Samuel Clemens no. Me gusta mi nombre y todo, pero necesito un seudónimo, uno corto y llamativo. ¿Cuál será? Piensa, piensa. Ya sé. Durante mis días como capitán fluvial me tuve que memorizar la “jerga”, el vocabulario que ellos usan. Uno de los marinos utiliza una cuerda especial para medir la profundidad del agua en brazas (unidad equivalente a 180 centímetros). Para indicar una profundidad de dos brazas, grita, “¡Mark Twain!” (“marca dos” en inglés antiguo). Eso es. Ese es mi seudónimo, así es cómo me conocerá el mundo.


Olivia, Connecticut, Huck y Tom


En 1870, contraigo matrimonio con la sufragista aristócrata Olivia Langdon. Ese mismo año, publico Los inocentes en el extranjero, un libro de viajes que recuenta mis experiencias en el Oeste Americano, durante el periodo de la Reconstrucción y la Revolución Industrial. Acto seguido, la Sra. Clemens y yo nos establecemos en Connecticut. El chico ribereño abriéndose paso en el ambiente industrial urbano; por suerte, el éxito de Twain y la fortuna de Olivia, quien era también mi editora, nos aseguró la vida. Nuestro hijo Langdon murió al año y medio, y luego tuvimos tres hijas: Susy, Clara, y Jean. En 1873 tuve una colaboración literaria con C.D. Warner; de él no hay mucha información en Internet, así que se ni se molesten en buscarlo.


Mi verdadero éxito, sin embargo, llega en la década de 1880. En esa década aparece por primera vez un pequeño libro escrito en máquina. El protagonista de ese libro, Tom Sawyer, es un reflejo mío a los 11 años creciendo en Hannibal. Es mi primer trabajo realmente autobiográfico, y de pronto se convertiría en mi sello de identificación, y también del mundo literario del siglo XIX. Tom tiene en el libro un compañero de aventuras inseparable, Huckleberry Finn, del cual escribo su propio libro años después. A menudo hay debate sobre cuál de ambos es quien define realmente mi estilo literario. Dependerá de cada quien.



Ilustración: Dana Zimmerman, Senior 2016, Tom Sawyer, Dana Zimmerman art and illustration


Conclusión: El maestro del humor del siglo XIX


Fuente de la foto: Greenlane


Soy el reflejo de la atmósfera cambiante del siglo XIX. Comienzo mi vida como el chico problemático, pero humilde y curioso, que es criado con el sureste ribereño y cuyas experiencias lo llevan a muchos lugares y condiciones sociales. Para los últimos años de mi vida, absorbo por completo la atmósfera competitiva del mundo industrial. Mi ansia por dinero y fama me lleva a olvidar que lo más importante es la familia. Me distancio de mi mujer y mis hijas, justo cuando parecía ser más canalla. Los medios y teólogos literarios modernos me consideran el “Dickens estadounidense” debido a mi estilo, el humor irónico e irrevente, repleto de sarcasmo, jerga, y parodia, que retrata la condición social de mi país.


En 1910, finalmente cierro mis ojos por última vez, durante mi estadía en Redding, California. Siempre me he considerado un ser astral, como el cometa Halley que viene cierto número de años a la Tierra, y en uno de mis últimos trabajos predijo mi ida de la Tierra con la llegada del cometa, cosa que termina pasando. Considero que mi vida fue una de aventura, y agradéceme pues soy el responsable de tus dos amigos inseparables de la infancia, Tom y Huck, que han estado en tu mochila desde cuarto grado.



Fuentes



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2 Comments


lvazcona
Aug 25, 2021

Que maravilla! Gran texto. Felicidades y gracias por compartir

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Diana Diaz Peña
Diana Diaz Peña
Aug 24, 2021

Super Twain tu escrito! Me encantó porque tiene la chispa del mismo Mark. Felicidades.

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