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  • Foto del escritorSEBASTIAN DIAZ

Caperucita roja, mi cuento!


Había una vez una niña llamada Caperucita Roja, que vivía en una casa muy cerca del bosque. Caperucita era una niña muy problemática: contestona, engreída, malencarada, y que no le importaban las consecuencias de sus actos. Su pobre mamá no sabía que hacer con ella, así que un día decidió que la niña visitara a su abuela en su casa, del otro lado del bosque, porque estaba muy enferma.


La mamá llamó a Caperucita a la cocina, y le dio una manzana y una canasta de pan.


-Hijita, tu abuela está enferma. Por favor, visítala, y llévale esta comida. De seguro le dará mucho gusto verte, y se sentirá mejor.-


-Sí, sí, ya,- contestó Caperucita como siempre, antes de salir por la puerta.


-¡Y nada de hablar con extraños!- le advirtió la mamá.


A mitad del camino. Caperucita se encontró con un lobo feroz que se veía muy hambriento.


-Hola, niñita. ¿A dónde te diriges, con esa manzana y esa canasta de pan?- preguntó inocentemente el lobo.


Caperucita, además de tremebunda, era muy ingeniosa. Sabiendo que el lobo intentaba tenderle una trampa, decidió seguirle el juego, desobedeciendo a su madre.


-A la casa de mi abuela,- respondió, -del otro lado del bosque. Está enferma y le estoy llevando esta comida.-


Tras decir esto, Caperucita siguió inocentemente su camino sabiendo que el lobo la seguiría. En cuanto llegaron a la casa de la abuela, Caperucita tocó al timbre y volteó a ver al lobo.


-Tú espera aquí,- le ordenó antes de entrar a la casa.





Mientras Caperucita hablaba con su abuela, el lobo se quedó parado afuera de la puerta, pensando en el festín que se iba a echar. Pero lo que el lobo no sabía era que esa zona tenía una abundancia de cazadores. Y para su muy mala suerte, un par de ellos lo vieron y de inmediato se le acercaron.


-¡Oye, tú!- gritó el primer cazador. El lobo volteó, y en cuanto se dio cuenta de con quien estaba

hablando, quedó congelado del miedo. Pero luego su expresión cambió a una de enojo.


-Esa mocosa me tendió una trampa,- rechinó entre dientes.


-¿Qué hace una criatura como tú intentando entrar a las casas para devorar personas?- inquirió el segundo cazador.


En el interior de la casa, Caperucita y su abuela se encontraban hablando.


-Cómo sea, no vine sola, abuelita,- dijo Caperucita con una gran sonrisa en el rostro. -Adivina quién más vino conmigo.-


-¿Tú mamá?-


-No, mi mamá se quedó en la casa.-


-¿Santa Claus?-


-¡Santa Claus no existe, abuelita! ¡No, el gran lobo feroz!


La anciana se quedó mirando a su nieta con cara de '¿estás loca?


-Pero le tendí una trampa. Afuera hay un par de cazadores que seguro le darán su merecido.-


Molesta, la abuela reunió todas sus fuerzas para pararse de la cama. Empezó a caminar, sorprendiendo y preocupando a Caperucita, y tomó el teléfono.


Mientras tanto afuera, el lobo intentaba dialogar con los cazadores.


-Escuchen, señores, todo esto es un error,- intentaba justificarse. -Hay una niña que me encontré en el bosque y me tendió una trampa. Me dijo que se dirigía justo aquí, a esta casa, sabiendo que la seguiría...-


-Siempre nos vienen con esas.- Los cazadores sacaron sus armas y apretaron los gatillos, pero en eso salió la abuela y ahuyentó a los cazadores arrojándoles una piedra. La mamá de Caperucita llegó segundos después. El lobo abrió sus fauces, preparado para devorar a las tres mujeres, y entonces... la abuela le dio la manzana y la canasta de pan.


-Si nos perdonas la vida, nunca te volveremos a molestar.-


No pudiendo comprender la amabilidad de su presa, el lobo sólo aceptó su comida.


-Disculpa a mi hija,- intervino entonces la mamá de Caperucita, -Cuando lleguemos a casa, va a estar en serios problemas.-


La mamá se fue jalando a Caperucita de la oreja. La abuela volvió a entrar a la casa y volvió a recostarse. El lobo, confundido, sólo se sentó en una roca a merendar.


Al final, el lobo se quedó con el pan y la manzana; la abuela se quedó sin esa misma comida, pero terminó recuperándose de todas formas; los cazadores, asustados por la abuela, jamás volvieron a ese bosque; y Caperucita terminó castigada por desobedecer la orden de no hablar con extraños.


Tomó algo de tiempo, pero Caperucita logró cambiar a su actitud y empezó a hacerle caso a consecuencias. ¿En cuánto al lobo? No se preocupen por él. Siguió siendo un depredador pero tras esta experiencia decidió dejar en paz a los humanos, y pudo rondar libremente en el bosque sin peligro de cazadores.


Fin

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