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  • Foto del escritorSEBASTIAN DIAZ

Sacrificios (parte 2)

Narrativa ficticia.



Aún lo recuerdo. Era un día martes, nublado, y mi mamá nos llamó a todos a la sala de estar para comunicarnos las malas nuevas.


“Pequeños, no les va a gustar para nada lo que les voy a decir, pero... perdí mi trabajo.”

No sabíamos que decir, y evidentemente, no dijimos nada. Mi mamá siguió hablando.

“No voy a entrar en detalles de lo que pasó, pero mientras logro conseguir otro trabajo, me temo que las cosas van a ser más complicadas para todos. Así que... vamos a tener que quitar algunas cosas de nuestro presupuesto.” Me volteó a ver a mí. “Tristemente, eso incluye... las clases de ballet.”


Sentí como si quisiera desmayarme, y no de una manera positiva. ¿Dejar el ballet, aunque fuera por un tiempo? ¡El ballet era mi vida! Me ha acompañado a lo largo de todos estos años y me ha ayudado en repetidas ocasiones. Es para lo que fui hecha.


“¡No es justo!” empecé a recriminar. “Mamá, ¿dejar el ballet? ¡No puedo!”


Mi papá entró, y en lugar de regañarme por haber alzado la voz, simplemente sacudió su cabeza, igualmente desanimado. “Lo siento, Augusta, pero... conforme crezcas descubrirás, que a veces es necesario hacer sacrificios.”


“Por el momento no se preocupen tanto por eso,” dijo Mamá. “Sólo vayan a hacer su tarea y prepárense para la cena.”


Ninguno de nosotros habló durante la cena, ni siquiera Jules, quien era un hablador nato. Las palabras de Papá resonaron en mi cabeza durante lo que quedó de la noche, ‘Conforme crezcas descubrirás que a veces es necesario hacer sacrificios.’


Durante aquellas horas lo reflexioné, y vaya que él tenía razón. Sería algo muy egoísta de mi parte insistir en continuar con clases costosas sabiendo que el dinero está en juego. No quedaba de otra. Tendría que despedirme de las clases de ballet por un tiempo indefinido.


“Si vas a dejar esto, yo también”, me dijo Jules.


“No permitiré que lo hagas, Jules,” le respondí preocupada. “Te has vuelto muy bueno, no quiero que lo pierdas.”


“Tú eres mi novia. Hacemos todo juntos. Y de todos modos, podemos seguir practicando con tutoriales de YouTube. Nada nos cuesta.”


Vaya que Jules era inteligente, bello, talentoso... ¿había algo que no tuviera? Acepté, y nos abrazamos.


Durante los cinco meses siguientes, me la pasé sin clases de ballet. Pero yo y Jules continuamos practicando de manera individual en nuestras casas, y durante los fines de semana nos reuníamos para practicar juntos. Seguí, mientras tanto, en el equipo de baloncesto de chicas. Lo de ballet pasó a segundo plano; podrá ser algo muy importante para mí, pero dejarlo no fue el fin del mundo. La situación actual económica y moral de mi familia era en ese momento mi principal prioridad.


Me fue muy difícil abandonar algo que amaba, pero le doy infinitas gracias a Papá, porque sus palabras me dieron la fortaleza mental para hacerlo. De no haber sido por él, jamás me habría dado cuenta de la importancia de los sacrificios.


En una de esas en las que Jules y yo practicamos en mi casa, descansamos un poco para ponernos a hablar, puesto que me notó preocupada.


“Bebé, ¿estás bien?” puso su mano en mi hombro.


“Me he puesto a pensar, Jules, y... todo ha cambiado demasiado rápido. Ya no hablemos de dejar el ballet. No entiendo cómo mi mamá perdió su trabajo. ¿Por qué pasó? ¿Y por qué ahora?”


“A veces estas cosas pasan, Augusta. Y uno no las puede controlar. Por ejemplo, la muerte de mi hermano mayor, Ishaq, en un accidente mientras patinaba con sus amigos, en Citadel Park, allá en mi país. Dio un mal movimiento, el hielo debajo de él se rompió, cayó, y murió congelado. Solo tenía 17 años, y yo tenía 11. Todos quedamos devastados.

Mi hermana menor, Vayén, pasó varios días sin comer. Fue un sentimiento indescriptible.”

“Pero como lo siento,” intenté consolarlo, puesto que noté que se puso nostálgico con el recuerdo.


“Ya no pienso mucho en ello. ¿Por qué crees que decidí tomar ballet? A él le encantaba y eso es lo que él quería ser de grande. Me juré a mi mismo que sería el mejor bailarín de ballet en el mundo, por mi hermano. Mira, el punto es que... la vida es inpredecible.


Nunca sabes lo que puede pasar, dónde ni cuándo. Y aun así, lo único que queda por hacer es... aceptarlo. A veces tienen que venir malos tiempos para que después lleguen tiempos mejores.”


No dije nada reflexionando en cuánta razón tenían los dos: Papá y Jules. Este último solo

me ofreció la mano y yo la acepté. Seguimos bailando, y en eso, entró al garaje mi hermana Imani, quien cambió nuestro disco de ballet por otro un poco más... animado.


Sintiéndome otra vez alegre, segura, y con vigor, terminé mi sesión con Jules.

(Ambos bailan mientras suena la canción “Holding Out For a Hero” de Bonnie Tyler, la favorita de Imani.)


Después de seis meses, y con mucha dificultad, mi mamá nos volvió a reunir a todos en la sala, esta vez completamente alegre.


“Bien, familia, una gran noticia.”

El suspenso pendía en la sala.


“¡Lo logré! ¡Conseguí un nuevo trabajo!”


Todos celebramos y abrazamos a Mamá, pero no era la única buena noticia.

“Pero eso no es todo. A ver, tranquilos,” Mamá necesitaba que la dejáramos de abrazar para lo que estaba a punto de decir.


“Augusta... te informo que tendremos que mudarnos a San Francisco para mi nuevo trabajo. Hay una academia de ballet muy prestigiosa ahí, ¡y te inscribí!”


Mis ojos se iluminaron.


“Es una cosa que tomará muchísimo tiempo del día. Tendremos que reajustar por completo lo de la escuela para que logres hacer tiempo para todo. Lo malo es que... no podrás continuar con el equipo de basquetbol.”


Completamente tranquila dije, “Mamá, si pude dejar el ballet por cinco meses, puedo dejar el baloncesto por un tiempo indefinido. Por que como Papá dijo, ‘A veces es importante hacer sacrificios’.”


Volteé a ver a Papá, quien sonrió, y movió la cabeza en afirmación. Yo también la moví, para agradecerle por esas palabras tan inspiradoras.


Jules de inmediato corrió hacia mí y me abrazó. “Estoy muy orgulloso de ti,” me dijo sonriendo. “Finalmente cumplirás tu sueño, lo que siempre quisiste.”


“Jules, quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mí. En estos seis meses tan duros, permaneciste a mi lado y me diste la motivación para seguir adelante con lo que amo. Gracias a ti aprendí mucho, he madurado mucho como persona y... eres el mejor novio que pude haber pedido.”


Ambos nos besamos mientras en la ventana de la casa explotaban fuegos artificiales.


Dos meses después, ya estábamos todos en San Francisco. Entré a formar parte de la academia tras audicionar y aprobar. A partir de ahí, estudié con tutores particulares, y logré terminar la preparatoria con un diploma oficial. Luego de terminar la preparatoria, me volqué en hacer del ballet mi carrera. Ya me he presentado en París, Londres, Moscú, y todos los grandes escenarios del mundo, y soy muy reconocida dentro de la disciplina. Jules y yo estamos comprometidos, nos casaremos en julio y hemos sido muy felices juntos. Él se ha vuelto mi mayor apoyo y el año pasado pasó a formar parte de la academia conmigo.


Si estoy contando esto, después de años, es por la gran lección que ese día aprendí: A veces tienen que pasar cosas malas y venir tiempos malos, para que después eso derive en tiempos mejores. Y yo creo que en los tiempos que estamos viviendo, en donde de repente la vida se detuvo, tuvimos que separarnos de nuestros seres queridos y abandonar cosas que amábamos, eso es muy importante. Espero que esta lección les sirva para madurar y aprender a hacer sacrificios, como yo tuve que hacerlo.

¡Gracias por escuchar mi historia!

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